martes, 28 de julio de 2020

No hay esperanza


            Llevo varios días intentando sintetizar una idea y no sé cómo hacerlo si no es de forma directa: reniego de la política española. Reniego de cualquiera de sus manifestaciones actuales y rehúyo cualquier pretensión de análisis o fundamento sobre las medidas o decisiones que adopten. Básicamente, he alcanzado tal nivel de hartazgo que todo lo que salga de ellos se me ha convertido en algo ponzoñoso. Por mucho que las medidas adoptadas pudieran acertar por casualidad, las motivaciones son oscuras. No puedo olvidar dónde nos encontramos y por qué hemos llegado hasta aquí.
            No quiero ser un desmemoriado. Esa clase de personas que van por la vida como si nada de lo sucedido hasta ese momento no importara. Pero por encima de todo, no quiero vivir en el rencor. El rencor se basa en vivir anclado al pasado y a sus emociones negativas, incapacitado para seguir avanzando, no ya hacia el futuro, sino de presente en presente, centrado en la vida real. Sintiendo, viviendo y actuando como corresponda en cada momento. Seguir escuchando a los líderes políticos me convertiría en un ingenuo, pero también en un rencoroso, y no voy a permitir que nadie me pervierta de tal manera. Es una cuestión, en fin, de supervivencia existencial.
            Los tumores de la sociedad en que vivimos pueden utilizarse al mismo tiempo como herramienta para la evasión. Hablo de la pseudodemocracia que sufrimos y del capitalismo individualista y neurótico que devora el alma y que ha sido sabiamente instaurado por los poderes fácticos en la epigenética de un ser humano degradado progresivamente a través de sistemas sociales que premian el negacionismo del ser interior. No importa que no me entendáis, pero estos dos factores son la clave de bóveda del verdadero problema que sufren cada vez más personas en el mundo occidental: un sufrimiento que se materializa en la creciente dependencia de medicamentos para el control de la angustia y la depresión y en la verdadera pandemia que nos acosa desde hace lustros: la insatisfacción. En realidad, desde siempre, pero acrecentada exponencialmente por un sistema de organización social que prima la competición y el individualismo, y que nos llevan a una soledad necrosante.
            Gracias a estos dos factores perniciosos, y que no tienen otros sistemas sociales basados en sistemas represivos concretos y personificados en un Estado totalitario, tienes una opción de la que ningún estamento puede obligarte a salir: echarte al monte. Una decisión personalísima y que no me impide escapar de las estructuras mentales que produce aquel sistema vampírico que nos roba la existencia. En el plano político, no es que crea que nos conviene un anarquismo como el que propugnaron otros. Es más, para echarme yo al monte, prefiero que siga existiendo ese sistema: veo demasiadas personas incapaces de gobernarse a sí mismas como para eliminar un sistema doctrinal, aunque sea subliminal, que los mantenga a raya. Prefiero que la bestia esté dormida, alimentándose del adocenamiento de la mayoría, y de esa manera, poder difuminarme en la masa sin riesgo a sufrir sus dentelladas furiosas.
            Y es que no lo soporto más. Ya no puedo seguir escuchando a nuestros líderes políticos con sus discursos vacíos mientras siguen desmontando la sociedad y los lazos que antes nos protegían para dejarnos solos e indefensos frente a la bestia. He presenciado la caída del poder adquisitivo de los salarios, de las condiciones laborales, de los sistemas sanitarios, de las promesas de sistemas educativos modernos, de la inversión en tecnología, de la reestructuración del tejido industrial, de la reforma del sistema fiscal, de la modernización de las administraciones, de la racionalización de los procedimientos… Cuestiones que antes de la llegada de la pandemia podían ser anotaciones que reclamar en según qué momentos, ahora ya no son negociables. Dejaron que la sanidad fuera languideciendo poco a poco, durante décadas, como la rana que cae en la cazuela cuando todavía esta no ha comenzado a calentarse y acaba muriendo sin ser consciente de que está cocinándose lentamente, para después comérsela con sus privatizaciones. Llegaron los aplausos, tratamos como héroes a los que sólo eran currantes que llevaban sufriendo años de precariedad y recortes y, en cuanto pudieron, nos volvieron las terrazas y el fútbol, y volvieron a defenestrarles. Lo siento, pero yo no puedo olvidarlo. No puedo seguir dejando pasar las cuestiones que he mencionado anteriormente: llegaran las catástrofes futuras y nos arrasaran como un tsunami, y ver a los políticos hacerse los sorprendidos no será sino otro insulto más a nuestra dignidad como seres humanos. Tenemos un ejemplo todavía más claro: el cambio climático nos está abrasando como a la rana, poco a poco y, cuando queramos saltar de la olla, ya será tarde. Incluso quizá ya lo sea, y sólo estemos alucinando por los calores de las brasas antes de quedar bien hechos y jugosos.
            Dentro de mes y medio hay que volver a las aulas y todavía ni tan siquiera hemos aplaudido a los profesores, así que como para pensar en conocer cuáles serán las medidas para que el retorno sea seguro. En realidad, si lo pensáis, no sabemos siquiera si se está trabajando realmente en esas medidas o en los mensajes que proferirán unos y otros para esquivar su responsabilidad y evitar la pérdida de votos cuando todo reviente.
            Y en ese momento, lo más triste, sin duda, será escuchar nuevamente a los voceros mayores del reino deglutiendo los discursos prefabricados por expertos en publicidad para que los protagonistas de esta película de miedo los interpreten en sus atriles. Una sociedad que pretenda obtener algún logro del que sentirse orgullosa necesita unos cimientos comunes a todos sus ciudadanos sobre los que poder alzarse. Por desgracia, nuestro sistema sociopolítico sólo es capaz de seleccionar y elevar a sus puestos de responsabilidad a los mejores expertos en demoliciones y voladuras.
            Un saludo a todos. Nos vemos en el monte.

Alberto Martínez Urueña 28-07-2020

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