miércoles, 22 de junio de 2016

En resumen


            Hoy es uno de esos días en que el más-difícil-todavía se cumple. Esos días en que conoces un nuevo grado de estupor, un nuevo nivel de sorpresa, un nuevo nivel de acidez estomacal. Cuando crees que los políticos ya han llevado a nuestra democracia al nivel más bajo posible, un par de metros por debajo de tierra, dentro de una vetusta caja de pino, ves que esa fosa no tiene término. Digo todo esto, con esa tan necesaria palabra de “presunto”, porque al lado de la tumba de nuestra democracia, está, como un anexo dentro del bunker de las tragedias, la tumba de nuestras libertades individuales.

            Esta noche, como jugaba España, se ve que a nuestro querido Mariano le han dado un poco de manga ancha. Los que le programan la campaña, los discursos y esas cosas. Y ha reconocido –por enésima vez– que su táctica para los días postelectorales será la misma. A saber, dejar que todo lo que le rodea se pudra, para poder emerger entre la mierda como salvador de propios y extraños. Se ve que no se mira el traje cada vez que ejecuta la jugada, porque, a tontas y a locas, le tiene cada vez más marrano.

            No era de su directa competencia lo del tema del partido, con su caja B, su tesorero enchironado, su Gurtel, el caso Palma-Arena, lo de Valencia, lo de Murcia, ahora lo de Castilla y León, el consejero al que le molan los yates de los narcos… No es cosa suya, porque lo suyo es gobernar. Nadie sabe nada, ni de quien era competencia, ni quienes son esos advenedizos. No recuerdan cuando se hacían fotos con ellos y les invitaban a las bodas de sus hijos. Lo suyo es gobernar, decía, y sacar a España del agujero en donde la habían metido los sociatas, y de paso, protegernos de esos antisistema que vienen dispuestos a robarnos lo nuestro. Defendernos de los ladrones…

            No era de su competencia lo del partido, lo suyo era gobernar. Y ahí vamos ahora. Ahí tuvimos a Mato. Esa a la que le crecían los coches de lujo en el garaje de casa. Y las explicaciones, de parvulario. Mientras, Mariano, en un perfecto ejercicio de sincronía plasmática en sus conferencias de prensa sin preguntas, iba haciendo músculo para su principal actuación: dejar que todo apeste a huevos pochos. ¿Qué decir de Soria y sus empresas, aderezado por las explicaciones que se iban cayendo según el reloj marcaba las horas? Y todo por lo de Panamá. O Cañete, no tenía cuentas panameñas, pero sí su mujer. Lo único definitivamente claro es que en las altas esferas españolas no se habla de finanzas dentro del matrimonio. Elena e Iñaki se han encargado de hacérnoslo saber.

            Y ahora, la última. Fernández-Díaz, adalid de las concertinas, campeador en la lucha contra los peligrosos yihadistas llegados en patera, azote de los perroflautas y medallista olímpico de vírgenes y santos. Esta vez se le ha olvidado lo que dice cierto librillo: “No cometerás actos impuros”., Quizá las manipulaciones políticas solicitando informaciones fiscales –amparadas por la Ley de Protección de Datos- al jefe de la oficina antifraude de Cataluña exceda esa prohibición divina. Él, que tanto se persigna, se ha bailando un tango con Satanás. Al margen de la coña del párrafo con la que no pretendo ofender a ningún católico, el escándalo no lo es menos aunque sospechásemos que en las cloacas de nuestro Estado de Derecho suceden estas cosas. Éste es el ejemplo de cómo en España se permiten determinadas licencias impropias de un país con una mínima noción de lo que es la democracia. Ni qué decir tiene que volveremos a ver a tertulianos, medios de comunicación y – lo más preocupante – ciudadanos de a pie, defendiendo tan gloriosas actuaciones.

            Mira, Mariano. Cuando dices que los compañeros del patio te hacen el vacío, y que por eso no vas a aceptar la encomienda de Felipe para formar gobierno, te debes pensar que el tema tiene gracia. Incluso puedes llegar a la conclusión de que el hecho de que te voten siete millones de personas te da derecho a reírte de las otras veintisiete. Millones. Pero estás equivocado. Ya no es sólo que durante cuatro años no hayas querido escuchar a quien opinaba distinto a tus criterios –lo de negociar damos por hecho que no sabes, y menos en una mayoría absoluta ibérica de las que maneja tu ideología–, es que después de cuatro años de vilezas democráticas, sigues teniendo esa falta de decoro de “no-saber, no-contestar” cuando alguno de tus adláteres, elegidos directamente por ti para la exclusiva tarea de gobernar, prepara un escándalo inasumible para cualquier cosa que pretenda parecerse a una democracia. Así, con esas actitudes, lo normal es que te toque jugar solo, en el rincón de los marginados. Lo mejor que podrías hacer es largarte al rincón de pensar.

            En resumen, que este domingo nos toca otra vez echar el papelito en la urna. Y es descorazonador, además de bochornoso, el espectáculo ofrecido durante estos seis meses, tanto por unos como por otros. Sin embargo, esto no puede hacernos olvidar que admitir presuntas –ojo, lo dicho– organizaciones criminales al mando de nuestra nación no es la mejor receta para hacer de ella algo que le sirva a sus ciudadanos. Es la mejor receta para seguir siendo, en lugar de ciudadanos, siervos de los que se consideran con derecho a ser nuestros señores feudales.

 

Alberto Martínez Urueña 22-06-2016

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