miércoles, 3 de octubre de 2012

Enemigos II


            Hace un tiempo, en concreto el quince de Diciembre de dos mil nueve, escribí un artículo titulado “Enemigos”. Planteaba lo complicado que resulta en esta democracia en que vivimos, coaligada con un sistema económico procaz e inhumano que diluye las responsabilidades personales en un plasma amorfo que deviene en un “haz lo que quieras siempre que no conozcas al que estás jodiendo”. Os invito a releerlo cuando queráis en la columna que tengo en Internet, entre otras cosas porque la lógica intrínseca al texto me parece realmente sólida y digna de ser pensada.
            Al margen de publicitarme, cosa que no me importa reconocer, también tengo más cuestiones pendientes al respecto, y que hoy están de máxima actualidad debido a los crecientes desacuerdos sociales y los disturbios que estos han provocado. Inevitables son en este caso, las consiguientes declaraciones de responsables de uno u otro palo, dejando bastante maltrechos a algunos, como por ejemplo la autoproclamación de la delegada del Gobierno como próxima nominada en la esfera política. Argumenta, en pro del orden público, limitar el derecho constitucional de manifestación, alegando las molestias para la vida cotidiana que generan en ciertas ciudades. Todavía hay a quien le cuesta entender que una manifestación que no molesta, así como una huelga que no causa perjuicios no tiene el más mínimo sentido. Mis más fervorosos aplausos a mineros, transportistas o controladores aéreos que han demostrado la efectividad de ciertas protestas en los últimos años.
            La cuestión que me ocupa son las revueltas acaecidas en Madrid estos últimos días de Septiembre. Gracias a Dios, tengo varios amigos a los que aprecio que, o bien forman parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, o de alguna otra Administración, y puedo comprender también su postura. Así mismo, además son funcionetis de estos como yo a los que nos han robado la paga extra con alevosía y mucha desvergüenza, a base de decretazo que prefiere suprimir servicios públicos y no cargos políticos. Ya me explicarán luego qué pretenden gestionar con esos políticos puestos a dedo, cuando el Estado del Bienestar suponga la mitad de lo que se había conseguido. Eso sí, seguro que ellos siempre serán imprescindibles en su puesto.
            En todo caso, las manifestaciones han dejado imágenes para la posteridad en las que unos ciudadanos se enfrentaban contra otros, unos sacudiendo la mayoría de las hostias, por cierto, y no de las de monseñor Varela, si no dirigidas al cuerpo, y no tanto a la dignidad humana. En toda esta escalada de recortes, latrocinios y desmanes, la crispación, o si lo preferís, la mala baba del ciudadano ha ido incrementándose exponencialmente tanto en número de afectados como en la graduación de esa baba. Y claro, de tanto apretar los cojones, al final hay alguno que dice que se le están hinchando más allá de lo que es humanamente soportable. Curiosamente, suelen ser los que ya al inicio de la crisis, salvando excepciones, hacían equilibrismos con la renta mensual, como las capas más bajas de la sociedad, las familias jóvenes con niños a cargo, los pensionistas… De momento, en todo esto de los recortes no he visto a los niños de las juventudes del pepé, todos bien vestidos con su cocodrilo y su melena de maricón a lo Jennifer Aniston (las melenas de mis épocas eran otra cosa, por cierto, y algo más perseguidas por aquellos a los que ahora les parece supercool llevar “greñas”).
            La maniobra política durante toda esta época de zarandeo económico gratuito (nadie lo ha pedido, aunque lo pague) ha sido ir eludiendo las culpas a unos sectores o a otros, con aquello de los que han vivido por encima de sus posibilidades, después los funcionarios que esquilman las arcas públicas, luego unos señores llamados mercados que son buenos si acaso me interesa, el fontanero que dice aquello de “con IVA o sin IVA”… Y la última etapa de todo esto ya la estamos viendo con aquello de que decir “que no nos representan” es similar a lo de Tejero (palabras del niño de Rajoy) y así poner la excusa para hacer que los azules se engrisezcan  peligrosamente. Una jugada más para enfrentar a ciudadanos entre sí, todos ellos más cabreados que un miura en Las Ventas, y ellos seguir saliendo guapos en las fotos de portadas matinales.
            Pues mira, va a ser que aquí hay uno que dice que no. Creo en la política, además de por la propia definición que viene de un vocablo y una costumbre griegos (no todo lo que viene de allí es malo), porque además he visto que hay en sitios donde parece que funciona algo mejor. Me niego a creer que mis vecinos son los responsables de que estemos hasta el cuello, por mucho veneno dialéctico que se gasten en el hemiciclo de San Jerónimo y conchabados unos con otros en el trinque. Quizá sea verdad eso de que no podemos hacer un carajo por cambiar nada, pero al menos yo me quedo más tranquilo cuando les doy un par de latigazos verbales, aunque no les llegue. Desde luego, animo a todos a hacer este mismo ejercicio de catarsis que, ya que no es muy lícito, aparte de higiénico, ir a hacer nuestras necesidades a la puerta del Congreso, por lo menos que nos quede el mentarles a la madre que les parió. Incluso en frases algo escatológicas. Eso sí, desde lejos, para que cuando vuelvan a llover las hostias entre conciudadanos, no pongan de excusa que les tocaron una valla.

Alberto Martínez Urueña 2-10-2012

Por la muestra se conoce el paño


            Ha pasado poco tiempo del último texto, y no es que ahora vaya a recobrar las semanas perdidas, pero tengo algo que deciros, que se me ha ocurrido escuchando las noticias, claro. Con todo esto de la Economía, el procedimiento europeo de déficit excesivo, las primeramente llamadas reformas que por fin se atreven a llamar recortes, incluido el propio gobierno y sin haber visto ni un solo atisbo de auténticas reformas estructurales, podemos estar hablando de este tema todo lo que queramos.
            Hace tiempo que algunas personas, entre las que me incluyo, recordamos que la economía, entre otras, trata de la asignación de recursos escasos que tienen usos alternativos. Es decir, si tienes cuatro cosas para comprar que cuestan doscientos, pero sólo tienes cien, estas condenado a elegir entre las cuatro. Hay una parte de esta ciencia que intenta explicar los mecanismos de tales elecciones, como son las distintas teorías sobre la utilidad o satisfacción que reportan los bienes y cómo deciden los consumidores entre unos y otros. No hace falta ser un premio Nobel para entender que elegiremos aquellos que más nos gusten, que más se ajusten a nuestras preferencias o los que sean afines a nuestros intereses.
            ¿De qué va todo esto? Muy sencillo: de estas dos cuestiones podemos deducir que la economía trata sobre cuáles son las elecciones a realizar, e implícito en esto, es que siempre hay elección. Pretendo, como es obvio, desmontar de un plumazo el falaz argumento que esgrime el Gobierno diciendo que los recortes que están aplicando son los únicos que se pueden realizar. Lo que el Ejecutivo no quiere que se diga es la segunda parte del silogismo, que hay otras opciones; y además que, ante distintas elecciones, elegimos aquellas que se acercan a nuestros intereses afines, a las preferencias que ostentamos, en este caso a las preferencias sociales con que pretendemos (o más bien pretenden) construir nuestra sociedad.
            Por poner un par de ejemplos muy sencillos, de los que casi no se oyen en las noticias, pero que explican en un momentito esto de lo que estoy hablando; y antes de que nadie diga nada, es inevitable que el PP salga en la comparación, porque es el que está aplicando las medidas:
            Al hilo del inicio del curso escolar, se plantearon en Madrid una serie de recortes en profesorado y medios que han supuesto una cuantía de, aproximadamente ochenta millones de euros. Esta cuantía no es demasiado, si se compara con el presupuesto de un Ministerio, pero tiene un gran parecido con las subvenciones que reciben los colegios privados para uniformes de sus alumnos. Se planteó la sustitución, pero el Gobierno de la Comunidad de Madrid la denegó, estableciendo, según lo mencionado, cuál es su preferencia social, o lo que es lo mismo, el tipo de sociedad que prefiere potenciar.
            Por su parte, en otro orden de temas, y al tanto de otras subvenciones en Educación, el Gobierno de España ha reducido las becas a todos los niveles educativos. Al mismo tiempo, hace no demasiados meses, el Tribunal Supremo dictaminó que las subvenciones a colegios que separaban a los niños por sexo eran contrarios a los principios de no discriminación por razón de sexo. Que se quedaban sin dinero, vamos. Le ha faltado tiempo al señor Ignacio Wert para anunciar cambios legislativos para que vuelvan a recibir las subvenciones, igual que antes. Es decir, va a cambiar la ley para que su criterio encaje dentro de nuestro ordenamiento jurídico. Al menos, por un tiempo, por aquello de que a lo mejor alguien se percata de que el Tribunal Supremo está hablando de un precepto constitucional y lo máximo que puede hacer ese señor simpatizante o militante de cierta organización religiosa es dictar una Ley Orgánica, que en el rango legislativo, es inferior a la Constitución (como todo el mundo entenderá).
            A lo que pretendo llegar con todo esto no es a un discurso subjetivo por el que haya quien argumente que mi texto está en contra del Gobierno. Que podría, ojo. Pero lo único que pretendo es establecer una teoría muy simple con dos preceptos básicos: en primer lugar, es mentira que no haya otras posibles medidas que aplicar en un momento en que es necesario reducir el déficit (y esto lo admito por un motivo muy simple: no podemos controlar si nos dejan o no dinero, y al tipo de interés que lo hagan); y en segundo lugar, según el tipo de medidas que está adoptando el Gobierno, podemos determinar el tipo de sociedad que prefiere.
            Ahora, nos quedan dos cuestiones: si estamos de acuerdo con la sociedad que pretenden instaurar como solución para los anteriores desmanes inmobiliarios y otras zarandajas políticas (y sí, aseguro que es un problema político, o más bien de los políticos que hemos tenido), y en caso de que la respuesta sea negativa, qué es lo que podemos hacer nosotros como ciudadanos ante una serie de decisiones contrarias al programa electoral con que concurrieron a las últimas elecciones y que, lo que es más importante, amenazan con socavar nuestra sociedad, condenando a una gran capa de la población a vivir por debajo del umbral de la pobreza y otra serie de cuestiones igualmente desastrosas que convendrá más adelante tratar en profundidad. Ojo, y no estoy pretendiendo orientar el sentido del voto de nadie. Aunque también podría.

Alberto Martínez Urueña 21-09-2012

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Aprender a mirar


            Las puertas de la tasca se abrieron con un chirrido, dejando entrar un haz polvoriento de luz crepuscular. Había llegado hacía sólo diez minutos y la cerveza que había pedido al tabernero no había tenido tiempo ni de templarse; las plantas de mis pies todavía me ardían dentro de las botas de cuero. Los diez o doce hombres silenciosos que estábamos allí alzamos la mirada ligeramente para observar al nuevo, pero únicamente yo mantuve la mirada después de medio segundo, pues la cara de aquel joven me resultó familiar: era el aprendiz con que había coincidido en otras ocasiones igual de fortuitas.
            Observándole de soslayo le vi pedir agua para un par de cantimploras, y unos pedazos de pan seco y carne en salazón, y en dos minutos salió del local. Yo tardé cinco segundos en beberme el medio litro de un trago y salir detrás de él. Bajo la luz mortecina, pude descubrir dos figuras polvorientas y andrajosas, una de ellas encorvada, dirigiéndose hacia las afueras de la ciudad. Ni qué decir tiene que fui tras ellos.
            Según me acercaba, furtivo, al corral donde se guarecieron sentados contra una tapia, les escuché en una de sus extrañas conversaciones, misteriosas para mí, pero atrayentes. El anciano escuchaba, mientras el joven argumentaba con ardor cómo las distintas corrientes de pensamiento que han poblado la historia del ser humano, a lo largo y ancho del globo, habían intentando establecer cuáles eran los parámetros de la búsqueda humana.
            - Es decir, - argumentaba el chico. - después de tantos hombres buscando una misma cosa, al final ¿cuál es la conclusión? Es decir, cada corriente se centró en aquello que suponía fundamental: los griegos en la búsqueda de su sophia, las distintas religiones han buscado la prueba de Dios, la ciencia trata de llegar a principios sencillos, básicos, que rigen la realidad física que habitamos… No hago más que preguntarme qué es lo importante en la vida, y no acabo de alcanzar una conclusión. Vamos, yo creo que hablo de la búsqueda de la Verdad con mayúsculas.
            Observé por un pequeño agujero como el anciano escuchaba con una sonrisa benevolente en el rostro hasta que llegado ese punto, levantó la mano derecha y su alumno acalló la verborrea, sorprendido.
            - Cierra los ojos. - indicó el anciano. - ¿Qué ves?
            - Nada de nada, claro. - aseveró el chico, confuso.
            - Ahora, ábrelos y dime qué es lo que ves.
            - Bueno, es casi de noche, pero todavía puedo distinguir el pueblo, las montañas a lo lejos, hay unas granjas y…
            - Esa es la única Verdad. - cortó el anciano, suavemente, pero con rotundidad.
            - ¿Qué? ¿La naturaleza? ¿Un grupo de ciudadanos?
            Pero el anciano únicamente sonrió, sin decir nada más, críptico. Me pasé un rato abriendo y cerrando los ojos, sin comprender muy bien lo que pretendía el anciano con aquel juego, y reconozco que casi me mareé, así que me recosté también contra la tapia, por el otro lado, y casi me quedé dormido.
            - No sé si he comprendido, maestro. - dijo el chico al rato, desvelándome. - ¿Qué quieres decir con eso? - puse toda mi atención, a ver si decía algo coherente.
            - ¿Por qué te haces todas estas preguntas? - replicó el anciano, con su paciencia infinita, haciendo que me desesperase un poco.
            El chico se le quedó mirando sin atreverse a responder, hasta que balbuceó un par de respuestas.
            - Supongo que es el objetivo que me he marcado en la vida. No me gustaría descubrir con los años que he malgastado mi tiempo en cosas fatuas mientras lo importante se me escapaba sin darme cuenta.
            - Es decir, por el ego y su germen: el miedo. - aseveró el anciano. - El miedo es el velo más espeso que tapa nuestros ojos, que fabricamos nosotros mismos y al asidero que se agarra el ego para quedarse en su trono. Da igual lo que sea que busques: si el miedo te domina, no encontrarás nada de lo que hablas. Has de encontrar la raíz de tu miedo, y extirpar esa mala hierba de tu alma para poder encontrar lo que buscas. - dijo el maestro haciendo un gesto como si arrancase algo, y después miró hacia la penumbra, o quizá incluso más allá de ella, antes de seguir. - He conocido a muchos hombres a lo largo de mi vida que hablaban de ella, o querían encontrar la verdad de cada cosa. Había unos que se pasaron la existencia descubriendo a las personas su verdad, y cuando murieron nadie recordó sus discursos. Había otros que se pasaron la existencia recapacitando profundamente sobre esa Verdad de la que hablas, y cuando murieron, al mirar hacia atrás, solamente vieron palabras estériles jalonando una vida poco fructífera. Y hubo otros, muy pocos, uno de ellos mi maestro, que cuando le pregunté cuál era la Verdad, me dijo una cosa: ¿para qué quieres saberla? Vive absolutamente, ama absolutamente y mantén los ojos abiertos, por si acaso algún día aparece.
            - ¿Y qué hizo usted?
            - Desde entonces intento aprender a vivir y amar absolutamente, y a mirar.

Alberto Martínez Urueña 19-09-2012

jueves, 26 de julio de 2012

Cuestioncillas


            Es obvio e innegable que, cada vez que encendemos la televisión, conectamos la radio, leemos las noticias de prensa escrita y digital, o nos ponemos a conversar con el codo apoyado en la barra de un bar, el tema acaba siendo el mismo. Curiosamente, todos parecemos coincidir en lo básico, lo que me lleva a pensar, cada vez con más recurrencia y seguridad que la gente empieza a entender que el principal problema de España no está en la orientación del partido político en el Gobierno, ni en el ritmo de vida de la clase media, ni en los extranjeros que se aprovechan de la Sanidad pública y gratuita, ni en la Educación universal… Simple y llanamente en unos dirigentes cobardes incapaces de gobernar a todos por igual, sino que exprimen a la mayoría de los ciudadanos para evitar verse las caras con el hombre del saco, o propietario del capital, que viene a ser lo mismo para los dos barbas, el anterior de la ceja y el previo a éste, que tenía pinta de Hitler morenito. Esos, y sus acólitos, todo sea dicho, que alrededor de los perros siempre nos encontramos con sus correspondientes piojos, garrapatas, chinches y demás chupópteros del género latino y la familia hispánica.
            Pero no quiero este texto que sea igual a los anteriores, un derroche de verborrea literaria en la que decir lo que todos pensamos y que se ha escrito ya por activa y por pasiva. Como todos pensamos lo mismo, pero los que están ahí arriba no nos hacen caso y demuestran que se la suda mucho lo que podamos pensar aquéllos que, o les hemos votado, o tenemos representantes con los que han de ponerse de acuerdo a la hora de tomar decisiones. Por otro lado, a lo largo de unos días y semanas, he estado recopilando frases o preguntas que me sugiere todo esto y que querría compartir con vosotros, y que, si queréis o podéis, las respondéis por mí.
            En primer lugar, hablan de recuperación económica, con un crecimiento del uno y medio o quizá algo superior en dos mil catorce; por otro lado, está comprobado que en España se empieza a crear empleo a partir del dos o dos y medio por ciento de crecimiento. Es decir, prevén mantener el sufrimiento de los parados hasta dos mil quince, como poco.
            Nos hablan de medidas inevitables sin explicar el porqué de esa inevitabilidad; sin embargo, no nos hablan de medidas alternativas que en Economía siempre existen y en lugar de informarnos de ellas, nos piden un acto de fe. La confianza se gana, y de momento, vamos jodidos en ese partido.
            Nos hablan de que los mercados impersonales son los mejores jueces, y por eso nos aplican medidas neoliberales; sin embargo, al mismo tiempo sueltan a los vientos que los intereses que pagamos por financiarnos no son justos. Llevan sin ser justos cuatro años, al parecer. Además, decían que estos mercados son los mejores medidores: eso deja a nuestros gestores a la altura del betún. O del fango que pisan los zapatos que llevan el betún.
            Nos aplican medidas de recortes que hacen sufrir a las capas más desfavorecidas, dejando libres a las capas altas, argumentando que, de aplicarles medidas fiscales más fuertes, se llevarían su dinero a otra parte. Sin embargo, la mayor parte de ese dinero es especulativo, que no productivo, y no pasaría nada si se marcha a otro lugar. Es más, los análisis comparativos con otros países de nuestro entorno demuestran que las rentas del capital pagan mucho menos en España que en otros países, lo que nos da un margen para poder aumentar su carga impositiva.
            Justifican los aumentos de IVA en base a las recomendaciones internacionales; sin embargo, esas recomendaciones también hablan de otras dos cuestiones que no aplican, entre otras: el tipo impositivo sobre la renta de los trabajadores es sensiblemente más alta que en otros países, y esto estrangula el consumo y la recuperación, y recomiendan disminuirlo (aquí nos pidieron un esfuerzo impositivo transitorio, sinónimo de hachazo); la otra es que el tipo de gravamen general de las grandes empresas es del treinta por ciento, pero con las deducciones y bonificaciones, la media está en menos de la mitad de ese porcentaje (dicen que son para incentivar ciertas actitudes, pero desde luego la de contratar trabajadores no debe ser).
            Sólo por terminar, y ya puestos en materia biliar, están tratando de evitar ante todo que nos intervengan los llamados hombres de negro. Esto supone que no podríamos financiarnos en los mercados, pero por otro lado, piden la intervención del Banco Central Europeo, y estas dos cosas son lo mismo. Viendo el desaguisado en el que nos han metido estos inútiles, no tengo miedo a ninguno de esos hombres de negro, casi deseo que vengan. Por un lado, nos aplicarían racionalidad económica en este país de pícaros y sodomitas políticos a los que gusta que sus representantes se codeen con mafiosos bigotudos; por otro lado, ya que nosotros al parecer no podemos, quizá dieran un poco por el culo a esos hijos de puta que han dilapidado nuestro dinero público. A lo mejor no conseguimos que lo devuelvan, pero por lo menos, les quitarían la cuota de poder que ahora tienen y que, ha quedado demostrado, es lo único capaz de motivarles un comportamiento dedicado y decidido. O quizá un rato de excitación sexual.

Alberto Martínez Urueña 26-07-2012

martes, 17 de julio de 2012

Basta de lindezas


            Llevo un tiempo decidiendo cómo afrontar esta nueva entrega de la caidita de Roma, o más bien España. No sé de qué manera expresar mi propia opinión, que viene a ser la de una gran mayoría de personas que se enfrentan a la coyuntura de estar siendo literalmente violados en las callejuelas oscuras de nuestro podrido sistema socioeconómico. Os juro por la gloria de la madre de esos hijos de la política que viven aferrados a la bancada del Congreso (el Senado simplemente es un lugar donde cobrar y engordar de manera anónima en lo que te llega la jubilación millonaria) que he intentado no ser agresivo o demagogo en esta nueva columna, pero me resulta total y absolutamente imposible ver el panorama y no reptar por las paredes, o en este caso, por el teclado, como una víbora asesina buscando cobrar su venganza.
            Vivimos secuestrados en un sistema político que desoye por completo el clamor de la ciudadanía, y cuando uso estas palabras, lo hago a sabiendas de cuál es la definición que nuestros catedráticos les aplican. Tenemos las manos tan atadas después de tantos años viviendo en la inopia creada para silenciar nuestra conciencia que no nos queda ninguna posible reacción más allá de la pataleta callejera. Y lo saben. Después de haber sobrevivido intelectualmente hablando durante todos estos años, delante de las mamachico, después la telebasura, los seriales para adolescentes, los anuncios de coches para jóvenes inexistentes y toda la porquería que se os ocurra, ahora nos falta la creatividad e imaginación, y también la capacidad de reacción auténtica, para no dejar que nos asaeten con sus burdas leyes nacidas de un Parlamento deslegitimado. Y sí, digo bien, porque cuando se votó a esa panda de corsarios que ahora gallean en La Carrera de San Jerónimo, se hizo con la condición de que cumpliesen lo prometido en campaña, y de eso, ya no queda un ápice. Primero nos cogieron por los huevos con las ilusorias vacas gordas, y en las vacas flacas, fueron incapaces de tomar las medidas que les dictaban los sabios de la economía, e incapaces también de ejercer su labor de Gobierno y mandar a tomar por culo a todos los que se estaban hinchando cual garrapatas en lomo de perro vagabundo. Los únicos responsables son ellos.
            Ahora, a las puertas de un supuesto abismo, nos agarran del cuello, nos empujan contra la pared y nos dicen con gesto serio que se acabó eso de tener derechos; que, a partir de ahora, calladitos y con buena cara, o nos meterán la tranca del negro tan adentro que no podremos ni articular gañido. Y digo lo de supuesto abismo por un motivo: quizá esos hombres de negro de los que hablaba el infame Montoro sean el hombre del saco, pero a lo mejor toman TODAS las medidas adecuadas que recomiendan desde los organismos internacionales. A saber: quizá es cierto que hubiera que subir el IVA, pero no es menos cierto que recomiendan subir los impuestos sobre el capital y a las grandes fortunas, reducir el IRPF, hacer que el tipo de interés que pagan las grandes empresas no sea la rechifla legislativa de un teórico treinta por ciento se quede en el once efectivo y, entre otras más, liquidar las entidades financieras cuyo coste de rescate sea superior al coste de liquidación. Y es que es imposible hacerlo peor, os lo aseguro, y todo por evitar que sus amiguetes Rosell y compañía, deudos de sus campañas electorales, sigan llenándose el bolsillo mientras exigen que a los de siempre continúen exprimiéndonos metódicamente como a limones resecos, metiendo el cuchillo para sacar todo el juguillo que reste.
            Hay multitud de ejemplos de todo esto que todos sabemos, de cómo durante los diez o doce años precedentes a la crisis que nos está destrozando la sociedad se inflaron a meterse pasta al bolsillo y después pretenden seguir haciendo lo mismo sin repartir lo que se llevaron, diciendo que sus ganancias son lícitas según el principio de propiedad privada, que no se les puede exigir impuestos y que, en caso de que se nos ocurriera, se llevarían el dinero del país (cosa ya hacen con la elusión y evasión fiscal). Tengo yo un par de medidas disuasorias para esos casos, pero mientras tanto, iremos a lo realista. Está estadísticamente comprobado que las crisis son precedidas por una creciente desigualdad de renta que se prolonga hasta más allá de la salida de la misma, concentración de rentas provocada por medidas de política fiscal y monetaria que se basan en ideologías neoliberales de reducción de impuestos a las clases altas, disminución de los tipos de interés en épocas de bonanza económica, desregulación de los mercados financieros... Si queréis, sigo, pero vamos, que al que no le quede claro que todo esto es porque los políticos nos han vendido al capital es, o bien retrasado mental, o bien uno de los pocos beneficiados (y propulsores) de todas esas medidas.
            Así que, después de toda esta perorata, ahora nos toca mirar, pensar y decidir qué medidas podemos adoptar, cada uno en sus propias circunstancias, no ya para evitar que nos jodan vivos como lo están haciendo, sino para dar por culo todo el tiempo que podamos, para resultar incómodos en todo lo que nos dejen, para dar gritos en la calle y hacer una insumisión en toda regla a toda esa panda de tarados y faltos de vergüenza. Porque no es un problema de unos ciudadanos contra otros, sino el problema de siempre, el de toda la vida desde hace siglos y siglos: el de cuatro hijos de puta que quieren quedarse con todo, incluidos tú y yo, nuestras vidas y nuestro futuro.

Alberto Martínez Urueña 17-07-2012