martes, 23 de junio de 2009

Interludio

Como habréis podido comprobar, hace tiempo que no escribo nada en el correo. Un par de personas o tres me lo han recordado, y me he dado cuenta de que era cierto, que desde hace ya varias semanas no me dejo caer por entre las letras, los signos y las figuras literarias que más me gustan. No sé con cuánta frecuencia podré hacerlo en los próximos meses, porque como bien sabéis algunos, y otros os enteráis ahora, se han convocado las oposiciones de la Junta de Castilla y León para más o menos Octubre; y aunque ya tengo lo que tengo en el Estado, mi principal objetivo fue siempre la Administración Autonómica, así que he decidido intentarlo de nuevo. Cruzad los dedos, o al menos no me echéis maldiciones de vudú.

Después del tiempo que llevo sin venir por estos lugares, han sucedido un sinfín de noticias, unas buenas, otras malas. Podría haberme puesto sobre ello, pero no he querido, también un poco motivado por la falta de ganas de hacer demagogia sobre temas que ya están repletos de ellos. Hemos tenido elecciones europeas, hemos visto como la crisis económica destruye el empleo y manda a la gente a paro y a la depresión, como los problemas económicos no entienden de humanidad ni quien se la ponga. Y como el Madrid se gasta casi cien millones de euros en un jugador, avalado por los bancos, mientras que hay gente que pasa las necesidades que pasa. Y esto no es demagogia, sólo una sugerencia para que la gente se lo plantee.

Por otro lado, otras noticias que me ponen los pelos de punta, como el tema de Irán, con las elecciones (qué diferencias se ven en cuanto salimos de nuestro ombligo llamado Occidente y nos adentramos en parajes tan inhóspitos y tan cercanos, y al mismo tiempo tan lejanos). Aquí en España, en Europa (de Estados Unidos, después de haber tenido ocho años a un vaquero de presidente, no hablo), se celebran elecciones y nos llegan correos de que si Zapatero es el diablo y de la Vega su heraldo de destrucción y muerte, de que si Rajoy sólo sabe sujetarse su batuta de mando y la del partido queda coja y se la rifan entre la enemigo número uno del sector público sanitario Aguirre y el hombre de la eterna templanza y sangre horchatada Gallardón. En Irán, los mangutas roban votos, hay escándalos, y si lo denuncias, te disparan por la calle. Lo mismo. Aunque aquí, en nuestro país de pandereta, se vota más en función del mal menor y del que tiene la mejor sonrisa, cosa que justifica corruptelas y otras cosas peores, como son la prepotencia, la intolerancia y las vías pecuarias. De mis inclinaciones políticas no hablaré ahora, que ya os la sabéis perfectamente, por mucho que no esté a favor del aborto (el PP no eliminó la ley del aborto cuando estuvo; se ve que para aquellas adolescentes en las que corría riesgo su salud mental, farsa y mentira asquerosa utilizada por las que se podían pagar el aborto, lo sé a ciencia cierta, sí que estaba justificado matar al feto y ahora ya no); o que no esté de acuerdo con el canon a los productos electrónicos (no es la solución a un problema que realmente existe); o que desde mi punto de vista funcionarial el tema autonómico en España sea más un putiferio que una auténtica función pública (todavía recuerdo como Aznar se bajaba los pantalones ante Arzallus y Pujol, igual que lo ha hecho Zapatero ante Ibarreche y Rovira, en lugar de organizar un auténtico sistema descentralizado, en el que por otro lado sí que creo). Y no me vale lo de que da igual quien gobierne. Por suerte, por poner un ejemplo entre otros que se que ocurren, ahora los homosexuales que quieran vivir en pareja tienen los mismos derechos que los hipócritamente llamados normales (el tema semántico de si llamarlo matrimonio o no, me parece más bien una pataleta de la derecha católica y rancia, la cual, por otro lado, no tiene competencias en materia lingüística en este charco de ranas).

Y todo esto lo digo desde el respeto al ser humano, aunque no me dé la gana comulgar con ruedas de molino. Por poner un ejemplo claro y conciso, respeto con todo mi corazón a los votantes de Berlusconi, incluso a Berlusconi mismo, pero la idea de votar a un sujeto que controla más de la mitad de los medios de comunicación italianos, que cambia las leyes para evitar ser procesado o para hacer excepciones a su capricho, que es propietario de un equipo de fútbol, que se sabe perfectamente que es un putero y un baboso (lo es, con todo el respeto al ser humano), me parece simplemente de personas a las que les da igual que les chuleen. Y eso, desde hace tiempo, lo he considerado de gilipollas. Puede que yo también sea gilipollas, pero esta es mi columna y digo lo que pienso.

Así que bueno, os pido disculpas si veis que tardo mucho en escribir, pero las oposiciones no dejan mucho tiempo: de aquí a Octubre me despellejaré los codos y no sé si tendré tiempo para dejaros estas líneas que os dejo. Supongo que motivos para escribir habrá durante estos meses, porque esos nunca faltan, pero la carencia de tiempo siempre es el motivo de dejarlo para el día siguiente (necesito días de treinta horas, más o menos). Pero bueno, si lo consigo y me voy a Valladolid antes que después, pues eso habré ganado.

Mientras tanto, el mundo seguirá siendo el mundo de siempre, con sus calamidades asquerosas, como las que he ejemplificado antes, o las gordas de verdad que se os ocurran, y con las cosas buenas que tiene, que las hay a miles. Me despido de momento, y espero que no permanezcáis ajenos a las primeras, pero no os revolquéis en la mierda: disfrutad siempre de las segundas, que es lo que le da sentido.

Alberto Martínez Urueña 22-06-2009